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Abinader toma las riendas del PRM y deja en evidencia el nuevo mapa de poder dentro del partido

SANTO DOMINGO. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) abrió este domingo una nueva etapa en su estructura de dirección con la elección, por aclamación y mediante una plancha única, del presidente Luis Abinader como nuevo presidente de la organización, en una jornada que, más que una competencia interna, dejó al descubierto el complejo equilibrio de fuerzas que comienza a tomar forma dentro del partido oficialista de cara al ciclo político que conducirá a las elecciones de 2028.

La nueva dirección estará encabezada por Abinader, mientras Deligne Ascención ocupará la primera vicepresidencia, Juan Garrigó Mejía asumirá la Secretaría General y Gloria Reyes quedará al frente de la Secretaría Nacional de Organización. También fueron escogidos Milagros Ortiz Bosch, Eddy Olivares, Nelson Arroyo y Salvador Ramos para las siguientes vicepresidencias, mientras Kelvin Cruz, Lía Díaz, Jean Luis Rodríguez y Rosa Santos ocuparán las subsecretarías generales.

Pero detrás de la plancha única hay una lectura política que trasciende los cargos.

La convención mostró que el PRM optó por administrar sus diferencias mediante un acuerdo entre sus principales sectores, en lugar de llevar la disputa por la dirección partidaria hasta una confrontación abierta. El resultado fue una estructura que coloca a Abinader en el centro de la conducción, pero que al mismo tiempo incorpora representantes de distintas corrientes con peso dentro de la organización.

Abinader asume el partido en una etapa decisiva

La llegada del mandatario a la presidencia del PRM constituye el principal cambio de la convención.

Hasta ahora, José Ignacio Paliza había encabezado la organización y Carolina Mejía ocupaba la Secretaría General. Ambos entregaron sus respectivas posiciones tras un período en el que el PRM ganó las elecciones presidenciales de 2020 y 2024 y consolidó su estructura nacional.

Con Abinader al frente, el partido queda bajo la conducción de quien todavía ocupa la Presidencia de la República, lo que concentra en una misma figura el liderazgo del Gobierno y de la organización política oficialista.

La decisión tiene además una importancia particular porque el PRM entra en una etapa en la que comenzarán a adquirir mayor peso las aspiraciones presidenciales para 2028.

El propio partido había modificado previamente sus estatutos para reorganizar su estructura y permitir que la presidencia partidaria se concentre en la conducción política, mientras otras funciones ejecutivas recaen sobre la primera vicepresidencia.

Así, la llegada de Abinader no debe leerse únicamente como un cambio administrativo. También coloca al presidente en una posición privilegiada para arbitrar y administrar las distintas aspiraciones que surgirán dentro del PRM.

Deligne pasa de organizar las bases a ocupar la primera vicepresidencia

Otro de los movimientos relevantes es el de Deligne Ascención.

Quien hasta ahora ocupaba la Secretaría Nacional de Organización pasará a la primera vicepresidencia del partido, una posición que, de acuerdo con la nueva arquitectura interna, adquiere especial importancia por sus funciones de coordinación.

El movimiento tiene una lectura clara: Ascención mantiene un lugar central en la conducción partidaria, pero deja el área responsable de organizar las estructuras territoriales.

Ese espacio será ocupado por Gloria Reyes.

Gloria Reyes gana una posición estratégica

La elección de Reyes como secretaria nacional de Organización es uno de los cambios de mayor importancia dentro del nuevo esquema.

No se trata de una secretaría secundaria. Organización tiene bajo su responsabilidad buena parte del trabajo territorial, la articulación de la militancia y el funcionamiento de las estructuras internas del partido.

Reyes conoce esa estructura desde dentro. Participó en las organizaciones juveniles del PRD, formó parte del proceso de creación del PRM, fue diputada por Santo Domingo Oeste, integró la Dirección Ejecutiva y posteriormente encabezó Supérate antes de asumir el Ministerio de la Mujer.

Su llegada a Organización le entrega una plataforma política de enorme importancia en momentos en que el partido comienza a preparar sus estructuras para el próximo proceso interno.

Y ese detalle no es menor.

Quien controla la organización territorial tiene contacto directo con las bases, con los dirigentes provinciales y municipales y con buena parte de la maquinaria que será determinante cuando llegue la hora de escoger candidaturas.

Juan Garrigó llega a la Secretaría General

La escogencia de Juan Garrigó Mejía también merece una lectura política propia.

Su llegada a la Secretaría General introduce una figura vinculada al sector de Carolina Mejía y, al mismo tiempo, forma parte del acuerdo que permitió construir la plancha unitaria.

La Secretaría General es una de las posiciones con mayor peso dentro del partido. Desde allí se articula buena parte de la vida interna de la organización y se mantiene la relación cotidiana con sus organismos y dirigentes.

Por eso, la elección de Garrigó no puede separarse del papel que continúa teniendo Carolina Mejía dentro del PRM.

La alcaldesa del Distrito Nacional no ocupa ahora una posición en la dirección nacional comparable con la que tenía como secretaria general, pero continúa siendo uno de los liderazgos con mayor proyección dentro del oficialismo.

La nueva dirección también abre espacio al sector de David Collado

Otro elemento relevante es la incorporación de figuras vinculadas al sector de David Collado y Eduardo Sanz Lovatón.

La negociación interna que precedió a la convención permitió que esa corriente tuviera representación dentro de la nueva estructura, un dato relevante porque Collado es una de las figuras que aparecen desde hace tiempo entre los posibles protagonistas del escenario presidencial de 2028.

El mensaje que deja la composición final es que la dirección del PRM no quedó diseñada exclusivamente alrededor de una figura.

Abinader preside el partido, pero las principales corrientes mantienen espacios.

Ese equilibrio puede ser precisamente la fórmula escogida para evitar que la competencia por el liderazgo futuro se transforme prematuramente en una confrontación interna.

¿Unidad real o una tregua política?

La palabra que dominó la convención fue unidad.

Paliza, al entregar la presidencia, defendió la idea de que el PRM ha logrado renovarse sin fracturarse y reconoció que las diferencias internas existen. Carolina Mejía también llamó a preservar lo construido por la organización.

Pero en política la ausencia de una disputa abierta no significa necesariamente la desaparición de las diferencias.

Lo ocurrido este domingo puede interpretarse más bien como un acuerdo para administrar esas diferencias.

La competencia presidencial de 2028 todavía no está definida y, precisamente por eso, los distintos liderazgos tienen incentivos para mantener espacios dentro de la estructura partidaria sin provocar una ruptura.

La nueva dirección parece responder a esa lógica.

Un partido que cambia de método

La convención también deja otro dato importante.

El PRM escogió sus nuevas autoridades mediante una asamblea de delegados y una plancha de consenso, mientras que las reformas estatutarias aprobadas previamente establecieron que, después de las elecciones de 2028, la organización volverá al voto universal, directo y secreto de su militancia para elegir sus autoridades.

Esto significa que el proceso de 2026 tiene un carácter excepcional.

El partido está reorganizando su estructura justo antes de entrar en una etapa política en la que las aspiraciones internas comenzarán a ganar fuerza.

El verdadero desafío comienza ahora

La elección de la nueva dirección puede haber terminado sin una batalla visible, pero la etapa política que se abre ahora será mucho más compleja.

Abinader tendrá que conducir un partido en el que existen varios liderazgos con aspiraciones y peso electoral.

Carolina Mejía mantiene una fuerte presencia política desde la Alcaldía del Distrito Nacional.

David Collado conserva una estructura propia y una importante proyección nacional.

Otros dirigentes como Wellington Arnaud también han construido posicionamiento dentro del partido.

Y a eso se suma una nueva generación que comienza a ocupar posiciones de dirección.

La gran prueba para Abinader será mantener el equilibrio entre esos sectores sin permitir que la competencia por 2028 termine convirtiéndose en una lucha por el control del partido.

Por ahora, el PRM salió de su convención con una imagen de unidad.

La verdadera pregunta política es cuánto tiempo podrá mantenerla cuando las aspiraciones presidenciales de 2028 pasen de las conversaciones internas a la competencia abierta.

Porque ayer el PRM escogió una dirección.

Pero también comenzó, de manera mucho más silenciosa, a dibujar el mapa de la próxima disputa por el poder.

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