Santo Domingo.- El apagón nacional registrado este martes 11 de noviembre volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad del sistema eléctrico dominicano. Lo que comenzó como una avería en una subestación de San Pedro de Macorís terminó dejando sin energía a casi todo el país, paralizando el transporte público, afectando hospitales, comercios y sumiendo en el caos a millones de ciudadanos.
La Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) confirmó que el evento se originó tras la salida repentina de la central de generación de la Compañía de Electricidad de San Pedro de Macorís (CESPM), lo que generó una “salida en cascada” que apagó plantas térmicas e hidroeléctricas en todo el territorio.
El resultado, un país entero a oscuras, y una población indignada que ve cómo, en pleno 2025, un solo fallo técnico sigue siendo capaz de colapsar la vida nacional.
Colapsa el transporte y la movilidad urbana
En Santo Domingo, los efectos se sintieron de inmediato. El Metro y el Teleférico detuvieron sus operaciones, dejando a cientos de usuarios varados. La Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) confirmó que las subestaciones Paraíso e Isabela, que alimentan ambos sistemas, quedaron fuera de servicio.
Con los semáforos apagados, el tránsito se convirtió en un caos total. En avenidas como 27 de Febrero, John F. Kennedy y Máximo Gómez, los vehículos avanzaban lentamente mientras agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) intentaba organizar el flujo de manera manual.
Navarrete, símbolo de la frustración ciudadana
Mientras en la capital la gente buscaba cómo llegar a sus casas, en el municipio de Navarrete, provincia de Santiago, la reacción fue más intensa. Residentes salieron a las calles, quemaron neumáticos y bloquearon vías en protesta por los constantes cortes eléctricos y el deterioro del servicio.
Las imágenes se viralizaron en redes sociales, mostrando columnas de humo y enfrentamientos con agentes policiales. El apagón nacional fue la chispa que encendió un malestar que ya venía acumulándose por años.
Un sistema al borde del colapso
El ministro de Energía y Minas, Joel Santos Echeverría, informó que durante el apagón solo se mantenían operando unos 450 megavatios, apenas el 15 % de la capacidad nacional. Aunque descartó un sabotaje, admitió que “el sistema necesita reforzarse y modernizarse”.
“El apagón fue solo el síntoma visible de un problema estructural. El sistema eléctrico dominicano está operando al límite”, explicó un analista energético.
Impacto en la economía y la vida cotidiana
El apagón dejó pérdidas millonarias. Comercios debieron cerrar temporalmente. En los hogares, los ciudadanos sufrieron la falta de agua, conexión a internet y aire acondicionado.
En redes sociales, miles de usuarios expresaron su indignación con el hashtag #ApagónRD, que se volvió tendencia nacional.
Promesas incumplidas y una red obsoleta
Pese a los múltiples planes de mejora anunciados en los últimos años, el sistema eléctrico dominicano sigue mostrando grietas profundas. Los apagones son recurrentes, especialmente fuera del Gran Santo Domingo, donde las distribuidoras enfrentan pérdidas técnicas y financieras que se traducen en cortes frecuentes.
“El apagón nacional del martes demuestra que la estabilidad energética del país es más frágil de lo que las autoridades quieren admitir”, opinó un ex funcionario del sector. “Un sistema moderno no colapsa entero por la falla de una sola planta”.
El país exige respuestas
Ante la magnitud del evento, la ETED y el Ministerio de Energía y Minas anunciaron una investigación para determinar las causas exactas del fallo. Mientras tanto, la población exige explicaciones y soluciones reales.
“El problema no fue la oscuridad, fue la impotencia”, escribió una usuaria en redes. “Pagamos por un servicio que cada día funciona peor”.
Más allá de un apagón, una alerta nacional
El apagón del 11 de noviembre no solo apagó las luces: encendió la preocupación sobre el futuro energético del país. Si un fallo puede detener el transporte, afectar hospitales y desatar protestas en cuestión de minutos, ¿qué tan preparado está el sistema para enfrentar una crisis mayor?
La respuesta parece clara: el sistema eléctrico dominicano necesita más que parches. Necesita una transformación profunda.













