Economía Portada

La economía crece, pero el bolsillo no lo siente: ¿por qué el dinero rinde cada vez menos?

SANTO DOMINGO. – Hay una escena que se repite en muchos hogares dominicanos: llega el día de cobro, se pagan las cuentas pendientes, se compra comida, se resuelven algunos compromisos y, casi sin darse cuenta, el salario parece haberse evaporado antes de que termine el mes.

La sensación de que el dinero alcanza para menos no es solo una percepción aislada. Mientras la economía dominicana mantiene perspectivas de crecimiento, los precios de bienes y servicios continúan ejerciendo presión sobre el presupuesto familiar, una combinación que ayuda a explicar la distancia entre los grandes números de la economía y lo que cada persona siente cuando va al supermercado, llena el tanque o paga sus facturas.

Los datos más recientes del Banco Central muestran que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 0.51 % en junio de 2026. Con este resultado, la inflación interanual se situó en 5.67 %, por encima del rango meta establecido por la institución, de 4 % más o menos un punto porcentual.

En otras palabras, los precios promedio de la economía fueron 5.67 % más altos en junio de 2026 que en junio del año pasado. La inflación acumulada durante los primeros seis meses del año llegó a 2.02 %.

El resultado de junio estuvo impulsado principalmente por los grupos Transporte, Alimentos y Bebidas No Alcohólicas, Bienes y Servicios Diversos, y Restaurantes y Hoteles, que en conjunto explicaron alrededor del 90 % de la variación mensual del IPC.

Para cualquier familia, esto se traduce en algo bastante sencillo: si los ingresos no aumentan al mismo ritmo que los gastos, cada mes hay que hacer nuevos ajustes.

El problema no es solo cuánto suben los precios

Una de las claves para entender por qué existe esa sensación de que el dinero «no alcanza» está en que la inflación no necesita subir de manera extraordinaria para seguir afectando el bolsillo.

Cuando un producto aumenta de precio, aunque después su costo se mantenga estable, no necesariamente vuelve al valor que tenía antes. El consumidor termina acostumbrándose a un nuevo nivel de precios y reorganizando sus gastos alrededor de él.

Por eso, una familia que hace dos años destinaba una determinada cantidad de dinero a comprar alimentos puede necesitar hoy una suma mayor para llevar prácticamente los mismos productos a casa.

A esto se suma que no todos los hogares consumen lo mismo. Una familia con niños pequeños, por ejemplo, puede sentir con mayor intensidad el aumento de alimentos, leche y otros productos básicos. Para una persona que utiliza su vehículo diariamente, el transporte y los combustibles pesan más. Y para quienes pagan alquiler, préstamos o servicios, cualquier incremento adicional reduce todavía más el dinero disponible para otras necesidades.

Es decir, la inflación promedio que refleja un indicador nacional no necesariamente coincide con la inflación que siente cada hogar.

¿Y qué pasa con los precios de los alimentos?

Los registros de Pro Consumidor muestran que el comportamiento de los productos de primera necesidad tampoco es uniforme. Mientras algunos artículos registran reducciones de precios en determinados establecimientos y períodos, otros aumentan o presentan variaciones dependiendo del lugar donde se compren.

En su informe de precios de productos alimenticios correspondiente al 17 de junio de 2026, la entidad registró reducciones en supermercados grandes para productos como fresas, leche en polvo, huevos marrones, ajo, uvas, aceite de oliva y algunos cortes de carne, entre otros.

Esto revela otro elemento importante, el precio que paga el consumidor puede depender del establecimiento donde compre.

Por eso, cuando una persona dice que «todo está caro», no necesariamente significa que todos los productos hayan aumentado al mismo tiempo. En muchos casos, lo que ocurre es que varios gastos cotidianos se encarecen de manera simultánea o se mantienen en niveles elevados, mientras el ingreso familiar permanece prácticamente igual.

Y ahí es donde el presupuesto comienza a apretarse.

El crecimiento económico no llega igual a todos

La República Dominicana mantiene una economía que ha mostrado capacidad de crecimiento y resiliencia en los últimos años. Sin embargo, el crecimiento de la actividad económica y la capacidad de consumo de los hogares no son exactamente la misma cosa.

Una economía puede crecer porque aumenta la actividad en sectores como el turismo, las zonas francas, la construcción, las remesas o los servicios, pero eso no significa automáticamente que cada familia tenga más dinero disponible a final de mes.

Para que el crecimiento se sienta en los hogares tiene que producirse una combinación de factores: mejores ingresos, empleos de calidad, estabilidad de precios y una reducción de los gastos que absorben buena parte del salario.

Cuando eso no ocurre de manera suficiente, aparece una contradicción que muchos dominicanos conocen bien: las cifras económicas pueden hablar de crecimiento mientras el ciudadano común siente que está haciendo malabares para llegar al próximo pago.

El salario se convierte en una carrera contra los gastos

El verdadero desafío para muchas familias no está únicamente en cuánto ganan, sino en cuánto de ese ingreso queda disponible después de cubrir las necesidades básicas.

Comida, transporte, vivienda, educación, salud, electricidad, internet, deudas y otros compromisos compiten por el mismo salario.

Y cuando uno de esos gastos aumenta, el hogar tiene que compensarlo reduciendo otro. Se compra menos, se cambia de marca, se busca un supermercado más barato, se aplaza una compra o se recurre al crédito.

Por eso, hablar del costo de vida no es simplemente hablar de inflación. También es hablar de la capacidad real que tiene una familia para vivir con dignidad después de pagar sus obligaciones.

El Banco Central mantiene la tasa de política monetaria en 5.25 % para julio de 2026, mientras que la tasa activa promedio ponderada de los bancos múltiples se situó en 13.60 % en junio. Esto también forma parte del escenario que enfrentan los hogares y las empresas, especialmente aquellos que dependen del crédito para financiar compras, vivienda o emprendimientos.

Mientras los indicadores muestran el comportamiento general de la economía, la vida cotidiana se mide de otra manera, en la cantidad de productos que caben en una compra, en los días que faltan para volver a cobrar y en la tranquilidad, o la preocupación, con la que una familia enfrenta el final del mes.

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *