En República Dominicana, más de dos tercios de los nacimientos se producen mediante cesárea. Este procedimiento médico, utilizado para extraer al recién nacido a través de una incisión en el abdomen materno, ha desplazado el parto vaginal como la vía más común de alumbramiento en el país.
De acuerdo con datos de la más reciente Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-MICS 2025), el 68.2% de los partos registrados se atendió por esta vía, mientras que el 31.8% restante correspondió a partos vaginales.
Según publicó Listín Diario, el porcentaje actual de cesáreas en República Dominicana cuadruplica el rango sugerido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda un porcentaje de entre 10% y 15% para este tipo de intervenciones. Este incremento no es reciente: en los últimos seis años, el promedio de cesáreas aumentó 5.3 puntos porcentuales, al pasar de 62.9% en 2019 al nivel actual.
La tendencia se observa tanto en hospitales públicos como en clínicas privadas, pero la diferencia entre ambos sectores es notoria. En los centros privados, el 87.9% de los partos se realiza por cesárea, frente a solo 12.1% de partos vaginales.
El lugar de residencia también influye en el tipo de atención obstétrica. En zonas urbanas, la proporción de partos en clínicas privadas llega a 49.6%, mientras que en áreas rurales prevalecen los centros públicos con un 59.3%.
Este patrón revela diferencias en el acceso y las preferencias según el entorno geográfico y muestra un sistema de salud diverso en sus prácticas y resultados.
El nivel socioeconómico es otro factor determinante. Entre las mujeres del quintil de riqueza más alto, solo el 15.6% opta por el parto vaginal, en contraste con el 55,7% registrado entre las mujeres del quintil más pobre.
Este dato sugiere que el acceso a recursos y a servicios privados se relaciona con una mayor frecuencia de cesáreas. Además, la educación incide en la modalidad de parto: el 81.7% de las mujeres con estudios universitarios o superiores recurre a la cesárea, mientras que entre quienes tienen educación secundaria o media, la preferencia por la intervención baja a 6.1%.
El procedimiento de cesárea se reserva, en principio, para casos en los que el parto vaginal representa un riesgo para la madre o el feto. Sin embargo, la creciente preferencia por este método, especialmente en clínicas privadas y entre mujeres de mayores recursos, plantea interrogantes sobre los criterios que guían su indicación. La disponibilidad de tecnología, la cultura médica y las expectativas de las usuarias influyen en la decisión, configurando un panorama donde la intervención se ha vuelto casi la norma.
El fenómeno dominicano no es aislado, pero destaca por la magnitud de las cifras. El país se sitúa entre los primeros lugares del mundo en porcentaje de cesáreas, muy por encima de la media global. Las autoridades sanitarias y organismos internacionales consideran que el seguimiento de este indicador resulta clave para la salud maternoinfantil y el equilibrio del sistema de salud.
La evolución de las cifras en los últimos años muestra una tendencia ascendente que no se detiene. El debate sobre la pertinencia de cada procedimiento continúa abierto en los distintos niveles del sistema sanitario, mientras las mujeres dominicanas siguen recurriendo a la cesárea en proporciones muy superiores a las recomendadas internacionalmente.
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